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MICHOACÁN  

Nueva jerusalém apocalipsis

Isaac M. Reyes Maza
La pugna por el control de esa comunidad ha enfrentado a sus habitantes, mientras que las autoridades federales, estatales y municipales no logran imponer el orden.

 

 


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Turicato, Mich.— La escena sería normal en la Europa del siglo IX: monjes de sotana parda y monjas de hábito azul vigilan a niños descalzos que juegan a la sombra de una capilla amurallada. Pero esto es México en el nuevo milenio y el escenario es la Nueva Jerusalén cuyo entorno no tiene nada de normal. Aquí no hay bebés y la educación concluye cuando los menores aprenden a leer y escribir y a los niños se les prepara para “servir a la virgen”. No hace falta más, porque se acaba el mundo.

Su fin se produciría en un Apocalipsis de fuego cuando terminara el pasado milenio, afirmaban los habitantes de ese enclave michoacano, pero no pasó nada. Sólo quienes habitan la "tierra santa" de este fértil valle puerta de Tierra Caliente michoacana serán salvados por una Virgen María que les indicará el camino hacia una nueva fase de la existencia, retrocediendo en el tiempo.

En este especial poblado, sus autoridades religiosas impusieron reglas para asegurar que únicamente los más puros disfruten de los beneficios. Decenas de personas fueron expulsadas por cometer violaciones al culto local: despertarse tarde, faltar a misa o usar maquillaje. La mayoría de los desterrados se instaló en las afueras del pueblo con la esperanza de estar cerca de la salvación.

 

Vivir en santidad

La línea que divide adentro de afuera es clara. Una cadena cruza el único camino de acceso al poblado que es vigilado por guardias las 24 horas del día. Un letrero manuscrito explica las reglas para los habitantes, llamados "vivientes": “Prohibidas las citas. Prohibidas las drogas y el alcohol. Prohibido el maquillaje”. Hay otros vetos: tener y ver televisión y radio.

Todos los miembros de la comunidad deben asistir a los servicios religiosos -hasta cuatro por día-, a partir de las 4 de la mañana. Todos deben realizar una semana de trabajo comunitario y pedir permiso para viajar afuera. Los hombres no pueden llevar el pelo largo y las mujeres deben cubrir su cabeza con pañuelos cuyos colores, del celeste al púrpura, reflejan su jerarquía en el sistema religioso, "peregrinas", "juanitas", "cortesanas" a "monjas". De igual manera, sus vestidos largos hasta los tobillos parecen una mezcla de la vestimenta indígena y la europea medieval.

La Nueva Jerusalén comenzó en 1973 cuando Papá Nabor (Nabor Cárdenas Mejorada), un cura párroco degradado, abandonó lo que consideró los defectos del catolicismo romano moderno y fundó una religión basada en mensajes de la Virgen María que le transmitió una anciana analfabeta.

Para controlar a la población, Papá Nabor ideó un sistema de disciplina y vigilancia que no excluye la coerción; posee una policía que vigila todas las acciones de los pobladores. La población se organiza por estratos: en primer lugar están los ‘consagrados’, dedicados exclusivamente al culto y atención de La Ermita, le siguen los ‘vivientes’. Ambos grupos se subdividen en 14 secciones.

Todos, absolutamente todos, tienen como misión única venerar a la Virgen del Rosario y orar por la salvación de la Humanidad. Esto trae la ventaja de que por habitar en La Nueva Jerusalén están purificados y preparados para el fin del mundo, de acuerdo con las profecías de esa divinidad:

Anualmente miles de personas visitan la Nueva Jerusalén en peregrinación anual durante Semana Santa, procedentes de diversas partes del mundo. De las limosnas de esos visitantes se mantienen Papá Nabor, su obispo auxiliar, los 35 sacerdotes y 200 monjas. Muchos peregrinos incluso se quedan a vivir ahí, siempre y cuando cumplan con las reglas.

Desde entonces unos 9 mil campesinos de la región y numerosos peregrinos que arriban desde diferentes sitios de la República, como el actual “vidente”, Agapito Gómez Aguilar, se han instalado en su paraíso, y Papá Nabor, ha ordenado a decenas como monjes, sacerdotes y obispos.

Juntos, los "vivientes" han recuperado el color, las ceremonias, los ritos, la mística, la magia y el misterio de la fogosa energía apocalíptica con los que convirtieron a sus antepasados indígenas en el siglo XVI y que, en su opinión, la iglesia ha perdido. Los residentes de la Nueva Jerusalén celebran la misa en latín y retoman los ritos de exorcismo y bautismo que la Iglesia Católica abandonó hace mucho tiempo.

Mediante una estricta disciplina, impuesta por voces de ultratumba que supuestamente transmiten santos videntes, los residentes construyeron en esta zona su paraíso terrenal y aquí esperan el fin del mundo.

En las pronunciadas laderas del valle, los hombres cultivan maíz y, con permiso de sus autoridades, trabajan durante la zafra en el ingenio azucarero de Pedernales o como jornaleros con los productores de caña de la región. Habitan en pequeñas casas de ladrillo que bordean una pulcra calle principal, la catedral y un parque dominado por una cruz de piedra y flores banderas. Todos, observados por un retrato mural de Papa Nabor.

Los residentes creen que sólo sus oraciones y su rechazo terminante al "modernismo y la moda" mantendrá viva a la tierra durante 50 años más. "El conocimiento se ha vuelto satánico, ya no es sagrado", dijo el vidente Agapito en febrero de 1998, quien actúa como conducto de un espíritu llamado Oscar. "El fax, la computadora, la televisión, todo eso es conocimiento satánico. Estamos en el fin de los tiempos, cuando todo es satánico".

Ante los vaticinios del próximo Apocalipsis, se prohibió a los residentes tener hijos: ¿qué sentido tiene, si el mundo está por terminar?

Agapito Gómez Aguilar, un peregrino que llegó del estado de Hidalgo, impone su ley ante la ausencia de Papa Nabor, quien a sus 97 años de edad tiene mermadas sus facultades físicas y mentales. Tercero de una línea de videntes que se remonta a Gabina Romero, quien ya era una anciana cuando dijo haber visto a la Virgen del Rosario en este lugar en 1973, dice que habla con la voz del general Lázaro Cárdenas del Río.

En una cinta grabada, sacada clandestinamente del pueblo, se escucha a Agapito decir que el Apocalipsis vendrá pronto. La suya es una visión muy mexicana del Apocalipsis. Con la voz de otro espíritu, Agapito nombra a varios volcanes en actividad en el centro de México y dice: "Cuando llegue la hora, estallarán en llamas. Sobrevendrá una suerte de invierno nuclear que matará a toda la vida sobre la tierra. Enormes grietas se abrirán en torno de Nueva Jerusalén y lo aislarán del resto del mundo”.

El cineasta Arturo Ripstein, escribió: "Al borde del nuevo milenio, los desesperanzados han hecho suya la voluntad de Dios: absurda, ilógica, apremiante, teñida del color de los sueños infantiles", él se inspiró en La Nueva Jerusalén para hacer la película surrealista "El evangelio de las maravillas" en 1998.

En su cinta, el director llama a Nueva Jerusalén "una fiel reproducción de las sectas milenaristas medievales" y recuerda el fervor religioso que sacudió a Europa en el 1999.

La voz de la iglesia

Por su parte, el arzobispo de Morelia, monseñor Alberto Suárez Inda, tilda a los habitantes de la Nueva Jerusalén de “fanáticos e ignorantes”. También criticó acremente a esa comunidad, cuando eligieron autoridades civiles por presunto mandato de la Virgen del Rosario.

“Aquí falta realismo; una cosa es el espíritu de fe, el amor a María la Virgen y otra los asuntos de la tierra que hay que decidir en forma humana y democrática. Realmente se ve una vez más lo que provocan la ignorancia y el fanatismo; creo que es importante que también a ellos se les invite y se les anime a cumplir con la ley, comenzando por la educación, porque preocupa que en esa comunidad no haya escuelas y que se desprecie este aspecto fundamental de la vida de cualquier ser humano.

–¿Papa Nabor y los sacerdotes que ahí ofician están fuera de la Iglesia Católica?

–Sí, es una comunidad cismática. Desde hace muchos años no tienen ninguna relación, ninguna comunión con el obispo de Tacámbaro, ni con otra parroquia. Están aislados tristemente. Yo alguna vez intenté un acercamiento pero no se logró nada, porque ellos viven en otro mundo.

Los videntes

De acuerdo con el libro ‘La Virgen María en la tierra’, que se vende en la comunidad, la Virgen del Rosario se le apareció por primera vez a Gabina Sánchez viuda de Romero el 13 de junio de 1973, en el lugar denominado El Callejón, ahora conocido como La Ermita. En supuestos encuentros posteriores, le dijo a la campesina que había elegido al cura Nabor Cárdenas Mejorada para que oficiara una misa en el cerro El Mirador -al que entonces el prelado nombró Poder de Dios-, y encabezara una cruzada para salvar a la humanidad.

Por supuesta decisión de la Virgen del Rosario, Nabor Cárdenas su nombrado Papá Nabor, y Gabina Sánchez, quien adoptó el nombre de María Salomé, se convirtió en la vidente oficial de la divinidad, hasta su muerte en 1982. Entonces fue relevada por María de Jesús Bautista, “Mamá María de Jesús”, aunque sólo tuvo estatus de portavoz y desde 1989 a la fecha, el vidente es Agapito Gómez Aguilar. Los sacerdotes consultados explican que un vidente es quien habla con la Virgen, mientras que un portavoz es quien es poseído y encarna a la divinidad.

A finales del siglo pasado, el conflicto más grave que enfrentó la Nueva Jerusalén ocurrió con la muerte de María Salomé, pues Papá Nabor, “gracias a un mensaje de la Virgen, propuso a dos candidatas” para sucederla: ‘Mamá María Margarita’ y ‘Mamá María de Jesús’. Esa candidatura dividida polarizó al pueblo y Nabor definió el conflicto al decidirse por María de Jesús.

María Margarita

Doscientas monjas decidieron formar un convento al interior del pueblo y fueron seguidas por varios ‘vivientes’ (hombres mayores); ante esta situación, se dice que la Virgen amenazó con abandonar el pueblo si no había solución, por lo que en 1982 se expulsó a los inconformes. En noviembre de ese año, el éxodo fue masivo: casi cuatro mil de las nueve mil personas que formaban el pueblo fueron expulsadas.

Como resultado, Papá Nabor endureció sus medidas de control y vigilancia dentro de La Nueva Jerusalén, y entre otras “prohibió las relaciones sexuales como una manera de desagravio, prohibición que terminará hasta el fin del mundo”. La crisis terminó con el retiro de María de Jesús al convento de La Ermita, si bien se considera que el motivo real fue que ella puso en peligro el poder de Papá Nabor, quien decidió enclaustrarla.

En 1999, Papá Nabor consagró a Miguel Chávez Barrera como obispo al sacerdote de La Ermita, quien adoptó el nombre de Santiago Mayor y se convirtió en segundo en jerarquía con el beneplácito de la comunidad y del vidente Agapito Gómez Aguilar. En el 2005, a la edad de 101 años, murió el Viejo Simón, fiel acompañante de Papá Nabor.

Surge la rebeldía

Durante el primer lustro del nuevo milenio, se prolongaron las ausencias de Papá Nabor a causa de las enfermedades naturales de su avanzada edad. Agapito Gómez, el vidente, comenzó a imponer su ley y para su protección formó la Guardia Celestial, integrada por individuos que se involucraron en el homicidio de Bartola Cruz en mayo del 2005, quien pretendió defender a su familia.

Resultado de ese enfrentamiento fue el encarcelamiento de dos integrantes de la Guardia Celestial: Federico Rodríguez y Leonardo Jiménez. Ambos fueron sentenciados a 20 años de prisión, sin embargo, aunque Agapito Gómez resultó exonerado, sobre él cayeron acusaciones y denuncias por violación sexual a jovencitas de la comunidad.

La actitud dictatorial que asumió Agapito en la Nueva Jerusalén, provocó fricciones con Santiago Mayor, quien seguido de una treintena de sacerdotes y cientos de familias y “vivientes”, intentó hacer valer su jerarquía. De nuevo, esa situación derivó en la polarización del pueblo a tal grado que Santiago Mayor y sus seguidores, a principios de este año habilitaron un domicilio particular en la comunidad como Capilla, donde comenzaron a reunirse para orar y adorar a la Virgen del Rosario.

Las fricciones sufrieron una escalada hasta que Agapito Gómez, aprovechando su posición de vidente, azuzó a sus seguidores a principios de marzo del 2007, encerró a Santiago Mayor y a sus sacerdotes adeptos en la nueva Capilla y amenazó con prenderle fuego. Finalmente les dio un ultimátum de diez días para que abandonen la comunidad o serán expulsados a golpes.

El gobierno del estado, al percatarse del conflicto, envió a Antonio Prado, de la Dirección de Gobernación Estatal, para fungir como conciliador. Sin embargo, fue rechazado por los “rebeldes”, quienes pidieron la intervención de la Dirección de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación Federal. Entretanto, la prensa michoacana dio a conocer el conflicto en La Nueva Jerusalén, lo que atrajo la atención de los gobiernos federal y estatal quienes intentaron solucionar la situación en esta comunidad.

El domingo 11 de marzo, fecha en que concluía el ultimátum de Agapito Gómez, se vivió una tensa espera en la región y en la Nueva Jerusalén, que vio por primera ocasión en sus inmediaciones la presencia de personal militar. La explicación oficial atribuyó el despliegue a los patrullajes de la Operación Conjunta Michoacán. Esa medida fue suficiente para que Agapito Gómez concediera una prórroga.

Dos días después, en Morelia, se reunieron el responsable de la Dirección General de Asociaciones Religiosas de la Secretaría de Gobernación, Servando García Pineda; la secretaria General de Gobierno del Estado, Guadalupe Sánchez Martínez, y el director de Gobernación local, Ignacio Ocampo Barrueta, para analizar el caso de esa comunidad, sin que trascendieran los acuerdos a que llegaron.

Por su parte, los rebeldes, encabezados por Santiago Mayor, se presentaron en la Dirección General de Asociaciones Religiosas, en la ciudad de México, donde ya figuraban en la agenda de Servando García Pineda, quien ya había postergado la reunión en varias ocasiones. En esa ocasión sólo los recibieron funcionarios de segundo nivel a quienes entregaron un documento que se plasma la situación de la Nueva Jerusalén.

En una entrevista que concedió el gobernador Lázaro Cárdenas Batel, el 8 de marzo, expresó su opinión sobre lo que ocurre en la Nueva Jerusalén: “Somos muy respetuosos de la libertad de creencias y de cultos que existen en nuestro país, y que debemos no sólo respetar de manera plena, sino no entrometernos en lo que no nos corresponde, y por lo demás buscar que en todos los puntos del estado prevalezcan el orden, la buena convivencia entre los ciudadanos y la ley.

“En este caso somos respetuosos, pero sí estamos atentos a que en cualquier eventualidad no priven ahí criterios que vayan más allá de lo legal o lo institucional en la solución de los conflictos o de las diferencias. Estamos particularmente atentos a lo que acontezca en la Nueva Jerusalén”.

--¿Qué recomendación tiene para las autoridades civiles y religiosas de la Nueva Jerusalén?

--Que haya un buen entendimiento donde hay diferencias, que haya sensatez y que busquemos que todo se dé dentro de la ley y con toda institucionalidad. Se hará valer la ley pero con pleno respeto a la libertad de culto.

“No podemos dar pasos a la ligera ni decisiones que puedan no solo vulnerar ese derecho sino también generar un problema de enfrentamiento que pueda agravarse y que eso es lo que ha dificultado un abordaje de manera distinta”.

Y para resolver el conflicto, consideró que es necesaria la intervención de los tres niveles de gobierno. En lo que se refiere a las denuncias por violación que existen en contra de Agapito Gómez, destacó que ni en este ni en ningún otro caso habrá impunidad y continuarán los procesos correspondientes.

Probablemente esté próximo el Apocalipsis en la Nueva Jerusalén, pero sus efectos podrían afectar al obispo Santiago Mayor y sus seguidores, a Agapito Gómez Aguilar y a su Guardia Celestial. El peor escenario es que afecte a toda la comunidad.

Publicado: Mayo 2007 / Año 2, No. 17



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